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Son diversos los nombres que las distintas culturas han atribuido a Tenerife a lo largo de la historia. Así por ejemplo, para los guanches la isla recibía el nombre de Achined, Achinet o Chenet. Los romanos se referían a ella como Nivaria (del latín nix, nivis, nieve), en clara referencia a las nieves posadas sobre el volcán conocido como el Teide. En esa misma dirección apuntan algunos mapas de los siglos XIV y XV, que de manos de Bontier y Le Verrier se refieren a la isla como Isla del Infierno a razón de los procesos eruptivos de los que el volcán era protagonista. Finalmente, el propio Teide es el responsable del nombre actual de la isla, ya que fue dado por los benahoaritas (aborígenes de La Palma) según las palabras Tene (montaña) e ife (blanca). Posteriormente, la castellanización del nombre provocó que se añadiera una “r” para unir ambas palabras obteniendo como resultado Tenerife.

La isla está situada entre los paralelos 28º y 29º N y los meridianos 16º y 17º O, ligeramente al norte del trópico de Cáncer, ocupando una posición central entre Gran Canaria, La Gomera y La Palma. Se encuentra a algo más de 300 km del continente africano, y a unos 1.000 km de la península Ibérica.

Las costas de Tenerife, por lo general accidentadas y abruptas, son parte fundamental del paisaje de isla, desde los verticales acantilados y las playas de cantos rodados o arena negra del litoral septentrional, a las playas con arenas más finas y de tonalidades más claras de la vertiente sur. Sus escarpadas cumbres de origen volcánico, hacen de ella una isla en gran parte muy abrupta. Es un territorio de múltiples paisajes y formas, presidido por el edificio central del Teide y las Cañadas, al que rodean 3 macizos radiales, los de Teno, Anaga y Adeje. Una tierra donde se suceden valles y barrancos que dan lugar a numerosos microclimas.

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